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Casi cada día veo emprendedores solicitando ayuda para sacar a flote su negocio. Son gente que, probablemente como tú, trabajan un montón y que están superilusionados con su producto o servicio pero que tienen un negocio que va mal y están a punto de cerrar las puertas y tirar la toalla porque ya no pueden aguantar más. Y en algunos casos llegamos a tiempo de reconducir la situación y en otros no.

Por ello quiero contarte los errores más “gordos” y más comunes que conducen a esta situación.

1.    Pedir ayuda cuando ya estás en la bancarrota y no se puede hacer casi nada

Estás desesperado, ya van persiguiéndote por lo que rincones para que pagues, tienes un montón de deudas, el negocio no va ni cara al aire, estas quemado, desmotivado…vamos, en las últimas, y en ese momento pides ayuda desesperadamente esperando un milagro. Pues probablemente no vaya a funcionar.

Hay que pedir ayuda cuando ves que las cosas empiezan a ir mal, cuando ves una tendencia, cuando las ventas, los beneficios o el dinero que tienes en el banco comienza a disminuir y no consigues que remonte.

No tienes que esperarte a estar en super negativo porque entonces no vas a tener recursos para pivotar o reinventarte o ni siquiera para hacer publicidad. Tienes que pedir ayuda antes de llegar a estos límites.

2.    Pensar que ya sabes de todo y no te queda nada por aprender

Eres un Juan Palomo “yo me lo guiso yo me lo como en toda regla”. Sabes de diseño web, de montar una escuela, de marketing, de ventas, de estrategia, de finanzas… vamos, un crack.

Pero si eres un crack de estos, o haces que tu ego baje a la tierra o vas a hacer quebrar a tu empresa y vas a perder un montón de dinero por el camino.

Para dirigir bien una empresa y llevarla al éxito que es lo que todos queremos, tienes que saber un poco de todo, es cierto, pero además debes formarte en lo que estés más verde o contratar a un especialista. El dinero que te pueda costar te va a salir a cuenta porque la cantidad de dinero que vas a perder como no conozcas las diferentes áreas de la empresa, va a ser importante.

Si estás cojo en ventas, fórmate en ventas, si vas flojo en finanzas, fórmate en finanzas y si las odias como le pasa a muchos emprendedores, déjate asesorar. Sólo así conseguirás llevar tu negocio donde tú quieres. El prueba y error es necesario pero en su justa medida. Si de algo no sabes, pregunta.

3.    Endeudarse en algo que no puedes pagar o que no te va a generar un rendimiento económico.

No te imaginas cuantos emprendedores comienzan su andadura empresarial pidiendo un crédito para hacer una página web, para comprar el mobiliario de una oficina y pagar el alquiler, para que les diseñen un logo y un estilo web maravilloso… y luego no les va bien y no lo pueden pagar.

El problema no es pedir el crédito, el problema es pagarlo. Te puede pasar que el negocio no vaya tan mal, es decir, que pese a estar comenzando vaya saliendo adelante pero como tienes que pagar el crédito que pediste, no tienes ni un duro en el banco (euro desde 2002) y esto te crea un problema importante que no sabes cómo resolver.

Hay que tener en cuenta que los emprendedores por naturaleza son optimistas y siempre creen que va a ir mejor de lo que finalmente va y ahí es cuando se estrellan, venden mucho menos de lo esperado, no pueden pagar y tienen que acabar cerrando.

Cuando haces previsiones, tienes que hacer escenarios y normalmente se trabaja con 3: Normal, pesimista y optimista.

El que tu crees es el optimista y para llegar al normal, yo personalmente disminuiría las ventas en un 50% y en el pesimista en otro 50%. Haz las cuentas así antes de endeudarte y sé consciente de lo que te puede pasar.

4.    Comenzar a emprender sin ahorros y gastarlo todo

Este punto va muy en línea con el anterior.

Comenzar un negocio y hacerlo exitoso normalmente es un camino de largo recorrido. Si tenemos dinero, podemos acortar este camino pero nadie nos asegura que vaya a salir bien. Por eso, tienes que ser precavido, tienes que tener un colchón financiero y preferiblemente no endeudarte.

Ahorra, si puede ser no dejes tu trabajo al principio, si lo dejas coge una excedencia por si sale mal para poder volver y no quedarte tirado. Repito, ahorra y sobre todo, ¡¡no te lo gastes todo!!. Las grandes inversiones las ves venir pero los “gastos hormiga” te pueden hacer mucho daño. Dices, voy a comprar esto, si total vale… y al final son muchos pocos que son un mucho y acaban con toda tu liquidez. Y normalmente lo que vale poco, aporta poco. El bueno, bonito y barato se da en muy pocas ocasiones.

Y al igual que te he dicho antes, te lo repito, haz previsiones, escenarios e intenta tener la espalda cubierta. No agotes todos tus recursos.

5.    Gastar por encima de las posibilidades de tu negocio

Si gastas más que ingresas, vas a tener pérdidas y vas a tener que cerrar.

Esto te parece obvio, ¿verdad? Pues la experiencia y la observación me dicen qué es algo muy difícil de entender para muchos emprendedores. Todavía no han vendido una unidad y ya están pensando en qué gastar, que si otro curso, que si este software de email marketing, que si este otro de facturación, si total, son 100€ al año…bla, bla, bla…

Tienes que intentar ser realista y ajustar tus gastos a la mínima expresión. Sólo tienes que gastar o invertir en aquello que sea absolutamente necesario. Yo casi te diría que inviertas solo en aquello que es imprescindible para poder continuar funcionando. Ten en cuenta que lo importante es que pases a la acción y que esto no necesariamente implica gastar más sino en muchas ocasiones salir de la zona de confort y hacer aquello que no te gusta.

6.    Enamorarse de su producto o servicio ciegamente

La ilusión de un nuevo producto o servicio es tanta y se hace con tanto amor que te puede acabar cegando y llevándote a la ruina.

No vas a ser ni el primero ni el único que quiere hacer que algo funcione sí o sí con todas las consecuencias.

Cuando apuestas por una idea hay mucho trabajo detrás y mucha ilusión lo que hace que te impliques mucho emocionalmente y no veas las cosas con objetividad. Si das pérdidas piensas que tienes por ahí un par de operaciones que puede que salgan… que las malas épocas siempre pasan…. Y te niegas la realidad.

Si este es tu caso y lo tienes claro, ármate de valor y márchate con la maleta a otro lado. Y si tienes duda, consulta con un experto que confirme o no lo tú crees y ponte a otra cosa. Hay que pasar el duelo, es difícil, pero lo agradecerás eternamente.


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